Me dueles como nunca antes me habías dolido. Te me cuelas en lo más profundo de los huesos, juegas con lo más pequeño de mí ser y me haces temblar al punto que no deseo hacer otra cosa que soltarme a llorar.
La música también me duele, todo, las cartas, los libros, los obsequios y sobre todo esos besos nunca dados y que sé que no llegarán.
Deseo tu cuerpo todavía más lejos del mío, arañarlo por completo, herirlo, destrozarte hasta que no quede absolutamente ni un solo recuerdo que se encargue de atormentarme el alma.
Porque me duele tu recuerdo, duele mucho.
Me asfixia.
Mata poco a poco.
Eres angustiante, me abrumas. Termino despreciándote aunque sea lo que menos quiera.
Porque sé que es un deseo absurdo este que me carcome por ti.
Quiero deshacerme de cada cosa que te traiga.
Deshacerme incluso de mi mismo.
Quizás así, y sólo así, los dos quedemos en paz.