martes 22 de marzo de 2011

Ausencia

Esta mañana no amaneció más a mi lado.

Sólo se quedó en la almohada una hoja a rayas con su mala caligrafía que decía lo que ya esperaba escuchar desde hacía mucho: ¡Te quedas solo!

No lo creí, pues conocía esa manía suya por dramatizar siempre. Pero al recorrer la casa me di cuenta que era cierto. No se escuchaban los ruidos diarios de trastes moviéndose torpemente en la cocina, ni las pisadas rápidas sobre el piso, menos su respiración constante.

¡La muy bruja se había llevado al perro!

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